Como think tank, buscamos que el conocimiento que generamos desde Alimentta sea útil a entidades comprometidas con el fortalecimiento de sistemas alimentarios saludables, sostenibles y justos.
Por eso, el 16 de octubre de 12.30 a 14 h en Infinito Delicias (Madrid), abrimos un espacio de diálogo entre agentes que trabajamos por la transición alimentaria y en dar respuestas a los desafíos ambientales. Una cincuentena de personas celebramos así el Día Mundial de la Alimentación y sumamos nuestras voces a la campaña European Action Days 2026.

María Ramos, Gloria Guzmán, Joan Moranta e Isabel Cerrillo, del equipo de Alimentta, fueron las personas encargadas de introducir datos clave y novedosos sobre producción, consumo e impacto ambiental del informe «Hacia la transformación del sistema alimentario en España: situación actual y escenarios de futuro», también resumidos de forma clara y visual en estas infografías.
A partir de aquí, dialogamos sobre cómo pueden aplicarse estas evidencias científicas en los planes de acción, con representantes de entidades participantes y personas del público:
- Antonio Franco Fernández-Conde, AMESAP (Alianza Médica por la Salud Planetaria)
- Elisa Martínez, Calant Xarxes
- Eduardo Montero, CECU (Federación de Consumidores y Usuarios)
- Andrea González de la Vega, Enzima
- Mikel Fernández, Heliconia
- Maxime Orhon, Por Otra Pac
- Roque García, UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos)
A continuación compartimos los datos destacados del informe publicado por Alimentta sobre el sistema alimentario actual y modelos de proyección a 2030 y 2050, que también pueden consultarse en formato infografía sobre la producción y el consumo de legumbres, el pescado en la dieta, la acuicultura como alternativa, la necesidad de reorientar las cadenas alimentarias, y el impacto económico de la dieta en el sistema sanitario.
Sin legumbres no hay transición agroecológica, por Gloria Guzmán
Las leguminosas son son la base de la fertilización orgánica y de la dieta saludable.
Lamentablemente, en España las leguminosas-grano ocupan sólo un 3-4 % de la superficie cultivada, y de éstas sólo el 20 % se dedican a alimentación humana (es decir, son legumbres). Esto es más dramático en la agricultura ecológica, porque sólo el 3,2 % de la superficie cultivada ecológica se dedica a leguminosas-grano, a pesar de que en esta agricultura es la base de la fertilización. Esto tiene graves consecuencias en el rendimiento.
En nuestros estudios, hemos mostrado que el rendimiento de la producción ecológica es similar al rendimiento de la producción convencional en olivar, viñedo, frutales u hortícolas. Sin embargo, se produce aproximadamente un 25 % menos en cultivos extensivos herbáceos (cereales, cultivos industriales, legumbres, etc.). La causa es el déficit de leguminosas en la rotación. El problema para España es que los cultivos extensivos herbáceos ocupan el 68 % de la superficie cultivada. O sea, más de dos tercios de la superficie cultivada tiene graves problemas para realizar la transición agroecológica.
La pregunta entonces es ¿por qué los agricultores, y especialmente los agricultores ecológicos, no siembran legumbres? Básicamente porque no es rentable. Las causas más importantes son:
1. Las leguminosas grano entran en la Unión Europea a arancel cero, proveniente de países donde estos cultivos se desarrollan en fincas de enorme tamaño en mejores condiciones agroclimáticas que en España y con costes laborales, y otros, más bajos.
2. Las leguminosas-grano no han sido apoyadas históricamente por la Política Agraria Cómun (PAC) y, aunque en los últimos años han sido incluidas en los ecoesquemas, ha sido insuficiente.
3. Tampoco España ha incluido en las licitaciones de comedores institucionales la preferencia por las legumbres de proximidad, como sí ha hecho Italia por ejemplo.
Por todo ello, nos encontramos en esta mala situación. Para encarrilar la transición agroecológica es necesario: establecer subvenciones prioritarias para la siembra de leguminosas en la PAC; e incluir la prioridad de las legumbres de proximidad en los pliegos de los comedores institucionales.
Es necesario entender que la promoción del consumo de legumbres para la población no necesariamente provocará un mayor cultivo de estos alimentos en España, si no cambian las medidas que apoyan la producción.
No podemos sustituir la carne por pescado, por Joan Moranta
Sabemos que tenemos que comer menos carne, especialmente carne roja. Lo dicen las recomendaciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y para llevar una dieta más saludable. ¿Es por eso recomendable consumir más pescado para complementar la proteína animal en la dieta?
A simple vista podría ser una buena idea. El pescado es saludable: aporta proteínas de calidad, nutrientes esenciales y omega 3. Además, en muchos casos, tiene una huella ambiental menor que la carne. Pero, ¿hay suficiente pescado para sustituir toda esa carne? ¿Y de dónde saldría?
Si nos fijamos en los pescados que comemos habitualmente, vemos que no son precisamente de proximidad:
- La merluza, por ejemplo, un pescado de toda la vida. Solo el 8 %, es decir 8 de cada 100 kilos, de lo que se consume en España se pesca en nuestras aguas. El resto viene de zonas lejanas como la costa de Namibia o la plataforma chilena.
- El salmón. Prácticamente todo viene de piscifactorías, principalmente de Noruega y Chile.
- El bacalao. Viene fundamentalmente de zonas frías del Atlántico Norte, tampoco se pesca en las costas españolas.
- El mejillón. Aquí encontramos un caso diferente. La mayor parte de la producción española se concentra en Galicia, pero eso no hace que todo el mejillón que consumimos sea de origen español. No es lo mismo comer mejillones frescos, congelados o en conserva. Una lata de mejillones en escabeche puede tener más del doble de huella de carbono por kilogramo que los mejillones frescos o congelados. Mientras que el producto fresco suele venir de las costas gallegas, el producto congelado y procesado puede estar compuesto de materias primas procedentes de Chile o Nueva Zelanda.
En términos generales, los productos del mar que entran en el sistema alimentario español o se pescan muy lejos, o son importados. De hecho, un 60 % de los productos del mar que entran en el sistema alimentario español son importados. Y del 30 % que entra al sistema por la pesca de la flota española, más de la mitad se captura fuera de nuestras aguas, en caladeros internacionales. Dicho de otra manera, solo el 21% de lo que entra al sistema procede de caladeros domésticos o acuicultura producida en España (esto supone el 10 % de los productos del mar que entran en el sistema alimentario).
Por otra parte, el sistema alimentario pesquero español actual tiene asociadas unas emisiones de 17,2 millones de toneladas de CO₂ equivalente cada año. Hablamos de las emisiones generadas a lo largo de toda la cadena de suministro, incluyendo las importaciones, el transporte, la transformación y la comercialización.
Por eso, desde Alimentta hemos explorado qué pasaría si cambiáramos este modelo, estudiando dos posibles escenarios a 2050: uno en el que seguimos como hasta ahora, y otro en el que transformamos profundamente nuestra manera de pescar, comercializar y consumir pescado, priorizando un consumo saludable y sostenible, y la relocalización de las cadenas de valor. Es decir, se prioriza una pesca de cercanía de bajo impacto ambiental y alto valor social. Se reducen las importaciones a productos procedentes de países cercanos como Portugal, Francia, Italia y Norte de África, o pescados con artes menores. Se elimina la pesca más intensiva de grandes arrastreros y cerqueros congeladores. Se prioriza el consumo doméstico, limitando las exportaciones a los excedentes una vez cubierto el consumo de la población.
Actualmente, el consumo aparente de productos del mar en España equivale a unos 65 gramos por persona y día. En el escenario de transición, ese consumo se reduce hasta unos 30 gramos diarios, una cantidad próxima a la propuesta por la dieta de salud planetaria de EAT Lancet.
Es decir, estamos hablando de reducir el consumo de pescado aproximadamente a la mitad, sin menoscabar los beneficios nutricionales que aportan este tipo de productos, más bien al contrario. Las especies que emergen en este escenario de transición sostenible, son ricos en ácidos grasos saludables, contienen menor cantidad de componentes nocivos para la salud, como metales pesados, y afectan en menor medida a las cadenas tróficas marinas, garantizando así la sostenibilidad de los ecosistemas marinos.
¿Y qué ocurre con las emisiones? Pues que, en ese escenario, podrían reducirse hasta un 85 %.
Es una reducción muy importante que se asienta en tres principios: reducir la cantidad de productos del mar que movemos por el sistema, apostar por artes de pesca con menor impacto ambiental y mayor valor social, y reorientar las cadenas de valor hacia el abastecimiento doméstico saludable.
La transición alimentaria no puede consistir en dejar de comer carne para comer más pescado. No podemos solucionar los problemas ambientales que generamos en tierra trasladándolos al mar.
Necesitamos reducir el consumo excesivo de proteína animal, dar más protagonismo a los alimentos vegetales y consumir los productos del mar de otra manera: pensando en qué especies elegimos, de dónde vienen y cómo se han pescado o producido.
Y esto no puede depender únicamente de las decisiones individuales de las personas consumidoras. Necesitamos políticas públicas que apoyen una pesca ambientalmente sostenible y socialmente justa, cadenas de comercialización más próximas y una alimentación saludable al alcance de toda la población.
La ciencia nos está mostrando la necesidad de cambiar nuestro sistema alimentario. Ahora necesitamos la voluntad política para hacerlo posible.
Mirada a fondo de la transición proteíca, por Isabel Cerrillo
La dieta actual en España dista mucho de las recomendaciones, por ejemplo de la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) o Eat Lancet Comission.
Hay un consumo muy deficiente de legumbres, frutas y hortalizas, y un consumo excesivo de proteína animal, lo que supone un enorme impacto ambiental y en la salud de la población. Necesitamos cambiar nuestra alimentación hacia un predominio de alimentos vegetales que nos aporten suficientes vitaminas, fibra, minerales y compuestos bioactivos y, a su vez, menos grasas saturadas y colesterol.
- Consumo diario de legumbres. Debemos multiplicar por dos el consumo actual. Son un alimento muy rico nutricionalmente, aportan proteína, fibra, minerales y vitaminas. Además son excelentes por ser muy duraderas, fácilmente almacenable y baratas, si se compara con otras fuentes de proteínas. Las legumbres se pueden cocinar de múltiples formas facilitando su consumo tanto en frío como en caliente, así como en purés. Para garantizar que este consumo sea local y saludable, hay que favorecer su producción ecológica en España. Las legumbres ofrecen un servicio ecosistémico por la fijación de nitrógeno y la regeneración del suelo, lo que supone reducir la dependencia de insumos químicos para la producción agroalimentaria.
- Menos carne porcina, y más ovina y caprina de ganadería extensiva. Desde el punto de vista nutricional, la carne de ganadería extensiva presenta menos grasas saturadas y mas poliinsaturadas, lo que mejora su calidad. Justo lo contrario de lo que ofrecen modelos intensivos de crianza, cuya carne presenta un elevado contenido en grasas saturadas y colesterol. Desde el punto de vista ambiental, la gran mayoría de las emisiones actuales del sector ganadero (91 %) están vinculadas a la producción masiva de piensos. La ganadería extensiva también emite, pero captura mucho más de lo que emite, y eso no se le reconoce. Ahorra recursos energéticos, mejora el bienestar de los animales, elimina o reduce el contenido de antibióticos u hormonas en su crianza, y el aporte de materia orgánica que realiza es muy importante para el suelo. Cuando la ganadería se combina con manejos agroecológicos de la tierra, el beneficio ambiental es mucho mayor y tiene un poder mitigante del cambio climático. Además, en las épocas del año en que el pastoreo debe ser suplido por piensos, esta suplementación consiste en legumbres.
- Consumo responsable de pescado. La recomendación de Eat Lancet Comission es de 2 raciones semanales aproximadamente, pero en el sistema actual de producción es insostenible. El consumo prioritario deberían ser especies de pescado azul de pequeño tamaño, no solo por menor impacto ambiental, sino por menor exposición a metales pesados y porque son una excelente fuente proteica de grasas saludables, omega 3. También se puede incluir el consumo de bivalvos de acuicultura (mejillones, almejas, ostras), de bajo impacto ambiental porque no se alimentan de piensos sino del propio medio donde crecen, y por sus propiedades nutricionales como fuente excelente de minerales (p. ej. hierro en el mejillón). Por último, destacar la importancia de promover la diversificación con especies menos explotadas, aunque infravaloradas, reducen la presión sobre especies vulnerables; prácticamente la mitad de todo lo que comemos es merluza, salmón, bacalao y atún.
Si todo lo mencionado se combina con el manejo agroecológico del suelo, disminuirá la exposición humana a compuestos químicos de síntesis que inducen a enfermedad. A pesar de los esfuerzos en la reinstauración de un modelo de producción sostenible y saludable, España sigue siendo el mayor consumidor de agroquímicos de Europa con una exposición de la población general llamativa, puesta de manifiesto en los programas de biomonitorización humana: el 100 % de los niños en España presentan niveles cuantificables de residuos de pesticidas en orina, superando en algunos casos límites máximos de seguridad. Esto no hace más que evidenciar la enorme exposición a la que nos vemos sometidos, sobre todo a través de la alimentación, tanto a pesticidas como a componentes de envases plásticos alimentarios. Esta exposición tiene consecuencias sobre la salud humana, que abarcan desde alteraciones neurocognitivas en la infancia, hasta problemas de fertilidad o trastornos metabólicos u hormonales en la edad adulta.
Según datos publicados por la Unidad de Nutrición y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología, 77.000 casos son potencialmente prevenibles en España en 2020 (27,5 %) por el estilo de vida: dieta, alcohol, estado de peso y actividad física.
La transformación hacia sistemas alimentarios saludables y sostenibles, lejos de ser un gasto, constituye una inversión en salud capaz de reducir de manera sustancial la carga sanitaria atribuible a los malos hábitos de vida y a los contaminantes químicos presentes en alimentos, garantizando un futuro más seguro y saludable para las generaciones presentes y futuras. Y subraya que la alimentación puede ser la gran aliada en la adaptación al cambio climático.
Modelo BIO+, una solución 100 % ecológica posible, por María Ramos
El informe Alimentta analiza los avances científicos vinculados a la producción ecológica en combinación con una batería de manejos agroecológicos que, teniendo en cuenta los efectos del cambio climático, arroje luz sobre cómo podría ser el sistema alimentario en 2050.
Un modelo de transición sostenible (BIO+), frente a uno continuista (Business As Usual, BAU), implementa una transformación de la superficie agraria a 100 % ecológica, donde las leguminosas pasan a ser fundamentales en la matriz agraria y donde la ganadería extensiva se acopla con los manejos silvopastoriles y con el resto de agroecosistemas del modelo productivo. También asume la implementación de variedades tradicionales y razas autóctonas, cubiertas vegetales, rotaciones y asociaciones de cultivos, y la recuperación de residuos de agroindustria y de cosecha para la fertilización del suelo.
Sin detenernos en lo que esto implica en términos de cambios de flujos de energía y materiales a través del sistema alimentario, destaca que el primer efecto positivo es la mitigación del cambio climático, haciendo que la actividad agraria y pesquera sean parte de la solución y no parte del problema. De hecho la producción vegetal pasaría a actuar como sumidero de carbono gracias a las prácticas que aportan más carbono al suelo (cubiertas vegetales, empleo de residuos de cosecha, asociaciones, estiércol…), el empleo de variedades tradicionales o el fomento de la ganadería extensiva de pastoreo.
El segundo efecto positivo es la disminución de uso de energía no renovable (ENR) relacionada con el sistema alimentario, que principalmente tiene que ver con la dependencia de combustibles fósiles para la maquinaria, el transporte y la síntesis de abonos nitrogenados. Así, se produce una reducción del 94 % de este tipo de energía, gracias a la reposición de la fertilidad de los suelos sin fertilizantes (hasta un 52 %), a la relocalización alimentaria y a la utilización de energías renovables en la maquinaria utilizada. Las emisiones de gases de efecto invernadero correspondientes al sector agrícola, más el ganadero, el pesquero y el transporte descenderían un 84 % (-84 % agrícola, -43 % ganadería, -95 % el pesquero y -91 % transporte).
La reducción drástica de las importaciones y el cambio de modelo ganadero reduce de manera sustancial la huella territorial en terceros países (tierra que necesitamos para sostener el consumo doméstico), con un descenso del 91 % de la superficie que se necesita en países extranjeros, y una reducción del 38 % de la huella territorial total.
Cabe señalar que el modelo BIO+ ajusta la disponibilidad de agua para riego en 2050 según las predicciones de las Demarcaciones Hidrográficas, que configura la decisión sobre qué cultivos mantener o transformar a ecológico. Así, conociendo las temperaturas y estimando la huella hídrica de los cultivos para ese año (2050), el cambio de manejo se implementa en términos de irrigación para que no se supere la disponibilidad hídrica definida por las autoridades competentes, como base para una transición ecológica coherente con los límites biofísicos a los que nos enfrentamos.
Por último, el empleo agrario se relocalizaría, es decir que, mientras el empleo asociado a la producción de materias primas que a día de hoy se importan se reduciría en un 68 %, el empleo agrario en España se incrementaría en un 35 %.















