Enhorabuena a nuestro compañero Nicolás Olea, doctor «honoris causa» por la Universidad de Alicante

La Universidad de Alicante ha investido doctor «honoris causa» al Dr. Nicolás Olea Serrano, médico e investigador reconocido internacionalmente por sus estudios sobre los efectos de los contaminantes químicos en la salud humana y por su contribución al desarrollo de enfoques integrales que relacionan salud, medioambiente y sociedad.

La ceremonia ha tenido lugar el 14 de octubre, presidida por la rectora de la UA, Amparo Navarro, quien ha destacado que Nicolás Olea es “pionero de lo que hoy se denomina el movimiento one heatlh, que se define como una estrategia mundial que busca aumentar la colaboración interdisciplinar en el cuidado de la salud de las personas, los animales y el medioambiente para implementar y diseñar políticas en la mejora de la salud pública”.

Como socio fundador de Alimentta, Nicolás aporta su conocimiento experto para un abordaje informado y transdisciplinar de las decisiones de consumo alimentario y salud, así como su indudable capacidad de incidencia para que este conocimiento científico oriente las políticas públicas. Imperdible su discurso de investidura que resume su visión y compromiso a lo largo de su impecable trayectoria: «intentar mirar donde quizá todavía no habíamos mirado, formular preguntas, escuchar las respuestas, corregirlas cuando fuera necesario y utilizar aquello que aprendemos para proteger un poco mejor a quienes vienen detrás.»

La Universidad de Granada, donde es catedrático emérito, y la Alianza Médica por la Salud Planetaria (AMESAP), de la cual forma parte como representante de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición), se suman a este reconocimiento a una trayectoria marcada por el compromiso con la salud, el medioambiente y la prevención.

«Saber, comprender y prevenir», o cómo convertir el conocimiento en una forma de responsabilidad

En el discurso de investidura, Nicolás comparte cinco reflexiones sobre una trayectoria científica, la Universidad y la responsabilidad del conocimiento.

En primer lugar, dedicando una reflexión a la figura de Francisco Javier Balmis, médico alicantino nacido en 1753, cuyo significado le ha marcado de manera significativa en cuanto la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de la viruela representa «uno de los primeros grandes ejemplos de transformación del conocimiento científico en una política organizada de protección de la salud».

La siguiente reflexión la dedica a Jane Goodall, también doctora «honoris causa» por la UA, cuya mirada ha aportado el comprender la necesidad de «cambiar de escala para comprender nuestra propia salud». En palabras de Olea: «Durante mucho tiempo hemos estudiado órganos, tejidos, células, moléculas y genes con una profundidad extraordinaria. Esa especialización ha sido indispensable para avanzar, pero también entraña un riesgo: olvidar el sistema del que forma parte aquello que estudiamos. El ser humano enferma en un cuerpo, pero vive en una familia, en una sociedad y en un ambiente determinado. Respira un aire concreto, consume determinados alimentos, bebe un agua determinada, trabaja en unas condiciones específicas, utiliza productos de consumo y habita espacios interiores que contienen una combinación de factores y exposiciones.»

A continuación, destaca de Mario Benedetti la importancia de la pregunta y de la palabra. La razón de incluirlo en su ponencia se debe a que «Su escritura demuestra que la profundidad intelectual no necesita expresarse mediante un lenguaje inaccesible. Consiguió hablar de asuntos complejos utilizando una lengua cercana, aparentemente sencilla, sin renunciar a su profundidad. La ciencia necesita algo parecido. […]
Cuando el conocimiento abandona el laboratorio y entra en la sociedad necesita otro lenguaje.» Esto le permite plantear una de las grandes necesidades de nuestro tiempo: «Durante demasiado tiempo hemos entendido la transferencia del conocimiento como una actividad secundaria. El investigador producía un resultado, lo publicaba y consideraba cumplida su tarea. Hoy creo que esa concepción es insuficiente. La sociedad tiene derecho a comprender aquello que se descubre con su participación y, en buena medida, con sus recursos. La comunicación científica no significa simplificar hasta deformar. Significa traducir sin traicionar.»

Sigue con Bernand Vicent, que representa la mirada del historiador, también doctor «honoris causa» por la UA. «Su forma de hacer historia no se limita a narrar acontecimientos; reconstruye sociedades. Los procesos históricos aparecen en su obra como fenómenos complejos, protagonizados por personas, comunidades e instituciones, y sometidos a fuerzas políticas, económicas, religiosas y culturales que se entrecruzan. Esta manera de hacer historia contiene una enseñanza que resulta extraordinariamente útil para la medicina y para la epidemiología. Los fenómenos humanos rara vez tienen una causa única. Las enfermedades tampoco.» Y con ello recuerda que la causalidad se construye progresivamente, por eso es necesario el contexto y la memoria para analizar lo que sabemos: «Una cifra aislada puede engañar tanto al historiador como al epidemiólogo. Una persona, un acontecimiento o una enfermedad adquieren su verdadero significado cuando conocemos aquello que los rodea.»

Su reflexión final la dedica:

  • A la ciencia, ya que «La imagen romántica del científico solitario resulta cada vez menos compatible con la realidad de la investigación contemporánea. Una investigación puede comenzar con una intuición individual, pero necesita conocimientos complementarios para avanzar.»
  • También a la Universidad, que «desempeña una función profundamente social: produce conocimiento, forma ciudadanos y proporciona herramientas para que la sociedad pueda discutir racionalmente sus propios problemas.» 
  • Y, sobre todo, a la responsabilidad de saber. «El objetivo de la investigación ambiental no debería ser producir miedo, sino producir conocimiento útil. Y el conocimiento útil debe permitir tomar mejores decisiones: individuales cuando sea posible y colectivas cuando sea necesario. Una persona puede modificar algunos hábitos, elegir determinados productos y reducir algunas exposiciones, pero ninguna decisión individual puede sustituir la responsabilidad de los sistemas de regulación, producción y protección de la salud pública. No podemos convertir la prevención ambiental en un privilegio reservado a quienes tienen más información, más recursos económicos o una mayor capacidad de elección. La protección de la salud debe ser también una responsabilidad colectiva.»

Para Nicolás, todo ello reafirma la frase que encabeza su tesis doctoral de 1981: «Nada está cerrado ni resuelto porque la ciencia es, por esencia, rigurosa provisionalidad.» Y añade,  «quizá sea también la mejor manera de entender el honor que hoy recibo. No como el cierre de una trayectoria, sino como una invitación a seguir preguntando. Y, sobre todo, a seguir intentando que aquello que descubrimos pueda servir para algo que está por encima de nosotros mismos: comprender para prevenir, prevenir para proteger y proteger para cuidar la vida.»