FALSO MITO: La producción ecológica no puede abastecer a toda la población

La duda de que la producción ecológica sea capaz de abastecer el consumo alimentario de un país como España se encuentra muy extendida. Este mito obstaculiza el debate sobre la necesidad de realizar transformaciones de calado en el modelo productivo que, ante la emergencia climática, son aún más urgentes para reforzar la seguridad alimentaria, la biodiversidad y la salud de la población humana y de los ecosistemas.

Sin embargo, el informe “Hacia la transformación del sistema alimentario en España: situación actual, impactos y escenarios de futuro” publicado por Alimentta, demuestra que es posible alimentar a toda la población con productos ecológicos si se realizan de manera simultánea un conjunto de transformaciones en el sistema alimentario en España. 

Cómo abastecer a la población con producción ecológica 

La transición alimentaria es posible si se sustenta en cuatro pilares: 

  • Transición dietética, siguiendo la dieta mediterránea como patrón de referencia y las recomendaciones de consumo.
  • Transición productiva, avanzando hacia la producción ecológica y la ganadería extensiva en función de los recursos disponibles en el territorio. 
  • Reincorporación de las leguminosas y las variedades tradicionales en la matriz productiva de España, por sus múltiples propiedades agronómicas y dietéticas. 
  • Reorientación de las cadenas de valor, priorizando el consumo doméstico saludable y exportando los excedentes. 

Estas transformaciones conforman el modelo BIO+, desarrollado en el informe de Alimentta, que analiza los resultados a 2050 de una transición hacia sistemas saludables y sostenibles con base en la producción ecológica, siempre teniendo en cuenta los escenarios de cambio climático que forzosamente van a afectar la forma en la que se producen los alimentos. 

Al tratarse de un modelo de proyección a futuro, una de las asunciones es la denominada “brecha de rendimiento”(yield gap en inglés). Implica reconocer la diferencia de rendimiento de un cultivo según sea de producción ecológica o producción convencional. Esta brecha, procedente de la literatura, indica que, en aparente igualdad de condiciones de cultivo, la producción ecológica presenta menores rendimientos. Así, el modelo de transición BIO+ asume esta bajada en los rendimientos debido a una transición del 100 % a ecológico. No obstante, este postulado requiere ser puntualizado a la luz de los últimos datos disponibles.

No existe una pérdida de rendimiento en producción ecológica 

La literatura científica sobre la brecha de rendimiento presenta una serie de sesgos.

En primer lugar, suelen utilizarse datos de fincas experimentales y no de fincas reales. Además, suele haber gran infrarrepresentación de cultivos de clima mediterráneo y/o en condiciones de estrés hídrico, focalizándose en cultivos arables y excluyendo otros cultivos como los leñosos. A todo ello hay que sumar otro importante sesgo: esta literatura estudia a escala de cultivo, ignorando escalas mayores como son los paisajes productivos o agroecosistemas, algo que a fin de cuentas no considera el conjunto de procesos (biogeoquímicos y agronómicos) necesarios para que la producción se pueda llevar a cabo. Es importante establecer los límites del sistema si se trata de comparar correctamente modelos productivos.

En contraposición a este enfoque sesgado, una de las mejores herramientas para comparar el rendimiento de los cultivos es el Coste Territorial de la Sostenibilidad Agraria (LACAS por sus siglas en inglés), que define la superficie necesaria para reponer los materiales y la energía necesarios para que los elementos estructurales del agroecosistema mantengan su funcionalidad. Esto supone considerar que la fotosíntesis de las plantas como punto de partida y la acumulación de biomasa fruto de su crecimiento, generan un conjunto de flujos de energía en el agroecosistema. Estos flujos pueden ir destinados tanto a la propia cosecha, como a mantener la biodiversidad (para el manejo de plagas), o bien a alimentar la cabaña ganadera. Como la agricultura convencional utiliza insumos industriales y carece de estrategias de reposición de estos flujos a los agroecosistemas, se puede concebir como un modelo productivo basado en la extracción neta, lo que resulta insostenible y una “trampa” en la comparabilidad.

Los resultados del análisis realizado por Guzmán et al. (2024) desmiente que la producción ecológica genere un menor rendimiento que la convencional. Para ello, compara un muestreo estadísticamente significativo de producciones ecológicas en 2004 y en 2019-2020 con los rendimientos medios provinciales recogidos por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) para ambos hitos, calculando los flujos de los elementos químicos fundamentales de los agroecosistemas (nitrógeno, potasio y fósforo) como forma de medir el LACAS.

Los rendimientos de los frutales ecológicos llegan a exceder los rendimientos convencionales en ambos cortes temporales, mientras que los cultivos hortícolas ecológicos han mejorado desde el 2004 al 2020, llegando a conseguir los mismos rendimientos en el último corte que la producción convencional. La única diferencia estadística en la que la producción ecológica pierde rendimientos es la de cultivos arables. No obstante, en aquellas provincias con mayor ratio de conversión de superficie a cultivo ecológico, no existe dicha brecha de rendimiento.

Todo ello es resultado de la gran mejora del sector ecológico, ya que ha incorporado manejos agroecológicos como cubiertas vegetales, incorporación de residuos de poda y cosecha, etc., con un efecto en la mejora del control de la erosión del suelo y la incorporación de materia orgánica, estratégico en condiciones mediterráneas, y cuyos resultados se observan en el segundo hito temporal.

En definitiva, dicho análisis argumenta que la brecha de rendimiento entre ecológico y convencional no es tal en la actualidad en términos generales, pero sí reconoce que es necesario optimizar los cultivos arables. 

El rol de las leguminosas en la optimización de cultivos

Las propuestas para optimizar el rendimiento de cultivos arables pasan por la fijación del nitrógeno al suelo.

Existen estrategias poco costosas para incrementar el flujo de carbono a los agroecosistemas. Una estrategia sería el uso de variedades tradicionales de trigo (por su alta producción en paja para reincorporar en los suelos), otra los sistemas agroforestales con leguminosas leñosas (que incorporan nitrógeno por la fijación de este tipo de cultivos), o bien la utilización de los residuos de agroindustria como compost, que vendría a complementar los flujos anteriormente mencionados.

Sin embargo, es la rotación de cultivos con leguminosas la estrategia que cumple con creces esta función, aunque es reconocida en la literatura científica como causante de bajos rendimientos, en particular en secano. Utilizarla para aprovechar todo su potencial implica intervenir doblemente.

Por un lado, son necesarias subvenciones directas que promuevan la producción de leguminosas, reduciendo la baja rentabilidad actual y convirtiéndolas en un cultivo seguro para el sector primario. Otros cultivos reciben importantes contribuciones en forma de subvenciones, mientras que las leguminosas son de los pocos cultivos apenas subvencionados, lo que indirectamente promueve su desaparición. 

Estrechamente relacionado con lo anterior, es necesaria la intervención en el comercio internacional a la hora de reducir la alta dependencia de leguminosas importadas para aliviar la presión en los precios sobre este tipo de producciones. Una política arancelaria que proteja y apoye los cultivos de leguminosas ecológicas sería una palanca de cambio que permitiría una transición ecológica total, sin disminuir los rendimientos productivos.

Por ello, desde Alimentta proponemos una serie de propuestas de política pública por las legumbres, con el objetivo de orientar a responsables públicos y a otros actores en las decisiones para una transición hacia sistemas alimentarios saludables, sostenibles y justos.