Cuando se trata de valorar la cabaña de medianos rumiantes, como el caprino y el ovino, es poco reconocido su enorme potencial para contribuir a la mejora de los ecosistemas y de las dietas.
El valor de la cría de ovino y caprino en España radica en que la mayor parte se realiza en sistemas extensivos, donde el principal alimento del ganado proviene del pastoreo. La capacidad de estas especies rumiantes para aprovechar el pasto evita tener que suministrar otros tipos de alimentos, a la vez que gestionan el territorio proporcionando otros servicios a la sociedad.
Razas y especies adaptadas que mejoran el territorio
Los sistemas de crianza en extensivo no pueden entenderse sin las razas y especies ganaderas, muchas de ellas autóctonas y siempre adaptadas al territorio, como la conocida oveja Merina o la cabra Malagueña.
Cabe señalar que, gracias a la importante contribución de las personas dedicadas a la ganadería extensiva, se ha conseguido mantener, mejorar y adaptar las diferentes especies y razas ganaderas a las condiciones bioclimáticas del terreno. Esto implica que las comunidades han sabido promover un desarrollo local con base en los recursos, las capacidades y los conocimientos propios del territorio, mejorándolo y haciendo que su actividad sea sostenible y beneficiosa para todos. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas ha declarado 2026 el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.
El pastoreo como base de la alimentación
El pastoreo adecuado, es decir, aquel que no hace un uso excesivamente intensivo del pasto ni tampoco lo infrautiliza, no solo contribuye a una alimentación óptima para la cabaña ganadera,,también genera otra serie de servicios ecosistémicos.
La prevención de incendios es uno de estos servicios ecosistémicos de la ganadería de pastoreo más relevantes. Esta actividad reduce la biomasa combustible disponible en terreno, convirtiéndose en una poderosa arma contra los incendios forestales y el cambio climático.
En determinados momentos del año, el pastoreo debe ser suplido por piensos debido a la disminución de alimento en la superficie silvopastoril según las estaciones. En los sistemas extensivos, este suplemento está asociado a las leguminosas, con estudios que demuestran que los rumiantes (ovino y caprino, pero también vacuno) pueden alimentarse de guisantes, algarrobas, habas, alfalfas, yeros o altramuces, entre otras.
Aquí la ganadería se combina con un pilar fundamental de la transición productiva: la producción de leguminosas. Su cultivo ecológico tiene un poder mitigante del cambio climático y de incremento de la fertilidad de la tierra, por ser captadoras netas de nitrógeno. A su vez, son grandes aliadas para el necesario reemplazo de la soja que, junto con el cereal, es el principal componente de la producción masiva de piensos y, en gran parte, fuente de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la ganadería intensiva.
Proteína animal saludable para el consumo
Además, los sistemas de crianza en extensivo han probado su capacidad de reducir los ácidos grasos de los productos cárnicos resultantes en favor de los poliinsaturados (PUFA), lo que mejora la calidad de la carne destinada a la alimentación humana. Un proceso muy diferente a lo que ocurre en modelos intensivos de crianza, cuya carne presenta un elevado contenido en grasas saturadas.
Una ganadería en peligro de extinción
La ganadería extensiva es una práctica exitosa para fortalecer sistemas alimentarios saludables y sostenibles. Sin embargo, está siendo empujada hacia su desaparición, como resultado de un conjunto de factores políticos y económicos.
Por un lado, son claramente insuficientes las herramientas de política pública destinadas a estimular la producción nacional de leguminosas y otros alimentos del ganado extensivo, pieza fundamental para mejorar su sostenibilidad económica. Tampoco existe un reconocimiento ni retribución de los servicios ecosistémicos que presta. Y, por el lado del consumo, los productos de ganadería extensiva no reciben un precio adecuado por sus costes y servicios.
Por otra parte, la promoción de modelos intensivos orientados a la exportación, como el del porcino blanco, viene acompañado de políticas comerciales que abaratan la importación de piensos para su alimentación, en detrimento de la producción local de leguminosas.
La recuperación de medianos rumiantes como oportunidad
Un modelo de producción y consumo más sano y sostenible se encuentra estrechamente vinculado al rol de la ganadería ecológica y extensiva de rumiantes. No obstante, ninguna solución puede funcionar de manera aislada para contrarrestar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por la ganadería intensiva, el modelo imperante en la actualidad. Teniendo en cuenta que la gran mayoría de las emisiones actuales del sector (91 %) están vinculadas a la producción masiva de piensos, las soluciones pasan por un enfoque sistémico que incluya también la reducción de las desproporcionadas cabañas intensivas actuales, como la porcina o la avícola.
Por todo ello, promover la ganadería extensiva debe insertarse en un escenario de transición en la que se articule con manejos agroecológicos de la tierra. En este sentido, los resultados de las proyecciones del informe publicado por Alimentta son esperanzadores ya que indican que para suplir la demanda de carne saludable y sostenible a nivel estatal para 2050, la cabaña de pequeños y medianos rumiante (caprino y ovino) podría aumentar un 83 % con respecto a la actual, y la de grandes rumiantes (bovino) podría aumentar un 7 %. Ello acompañado de un necesario descenso del 88 % de la cabaña porcina.
En este escenario y en términos de empleo, la cabaña caprina, ovina y bovina multiplicaría en dos y hasta tres veces el empleo actual, doblando la actividad ganadera actual. Todo ello, a pesar de la drástica reducción de la cabaña porcina y avícola.
En términos ambientales, este escenario tiene el potencial de reducir un 76 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en el cómputo total. Esto se debe a que el conjunto de manejos agroecológicos del terreno productivo (pastoreo, cultivo de leguminosas, cubiertas vegetales y estrategias de reposición de materia orgánica), son capaces de contrarrestar un incremento de las emisiones directas de la ganadería por el peso que adquieren los rumiantes.
