FALSO MITO: La población crece y hacen falta más alimentos

Existe un mito muy extendido que considera imprescindible aumentar la producción de alimentos para paliar el hambre y abastecer a una población en crecimiento. 

Sin negar la existencia de problemáticas importantes como la desnutrición, la malnutrición y la inseguridad alimentaria a nivel global, el problema en España no es tanto la falta de alimentos, como la necesidad de reorientar su producción al consumo interno, mejorando la autonomía alimentaria.

Por ello, si se reconfigura el actual sistema alimentario priorizando un abastecimiento doméstico casi en exclusiva de producción local y siguiendo parámetros saludables, no solo no harían falta más alimentos, sino que seguiría habiendo un excedente para destinar a la exportación, mejorarían indicadores como la relocalización de la superficie agraria y del empleo, y descendería drásticamente el uso de las energías no renovables, así como las emisiones de gases de efecto invernadero. 

La población crece

El crecimiento de la población es un hecho incuestionable, proyectado por organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), o a nivel estatal por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que indica que España alcanzará una población de 55 millones de personas en 2050. Por lo tanto, la demanda total de alimentos efectivamente va a incrementarse. 

Se producen alimentos suficientes, pero se exportan 

Si observamos la orientación comercial de las cadenas de valor en España, nos situamos en un escenario de desterritorialización alimentaria. ¿Qué significa esto? Que España es una potencia exportadora gracias no solo a los alimentos que produce, sino también a los que importa, lo que redunda en un incremento de la importación de alimentos para abastecimiento de la propia población.

Por ejemplo, de la disponibilidad total de productos de alimentación en España (esto es, la suma de producción doméstica e importaciones), se observa que se orientan a la exportación:

  • Un 50 % de las frutas y hortalizas.
  • Un 30 % de los productos de origen animal. Paradójicamente, su disponibilidad depende en un 30-40 % de importaciones, a lo que hay que añadir que el 50 % de los granos para alimentos de animales se importan.
  • Un 25 % de los productos procesados, con el aceite de oliva o el vino como importantes, cuya disponibilidad también depende en un 30-40 % de las importaciones. 

Es particular el caso de la cabaña ganadera, donde España se convierte en un “cebador” a partir de importantes flujos de importación para reexportar, con casos paradigmáticos como:

  • El porcino: el volumen exportado es un 40 % mayor que el consumido domésticamente, lo que supone que se exporte mayor cantidad que la que se destina al consumo en España.
  • Los productos pesqueros: se importa el 70 % de su disponibilidad para luego reexportar el 43 % de la misma.

Esta orientación de las cadenas hacia el comercio internacional tiene su efecto en la orientación productiva de la superficie agraria y los caladeros de pesca: 

  • El 35 % se dedica a cereales, en gran medida destinados a la alimentación de la cabaña ganadera.
  • El 15 % al olivar, con el 65 % de su disponibilidad orientado a la exportación.
  • El 5 % para frutos secos, 40 % destinado a exportación.
  • Otro 5 % para viñedos, 50 % destinado a exportación.
  • El 19% de las capturas españolas se realizan en caladeros internacionales.

Por lo tanto, este modelo exportador necesita de importaciones para abastecer el consumo doméstico.

Si consideramos la superficie necesaria para alimentar a la población doméstica actual, que asciende a 17,2 millones de hectáreas, un 42 % es superficie “apropiada” de terceros países (es decir, la superficie que utilizan otros países para sus importaciones a España). Esto implica un modelo altamente desacoplado de su base biofísica, es decir del territorio.

Si añadimos que en este se modelo desperdicia un 25 % del alimento disponible y que las ingestas  de pescado, carnes, lácteos y aceites procesados exceden las recomendaciones saludables, el diagnóstico no es el de falta de alimentos.

Entonces, ¿es posible abastecer una dieta saludable y sostenible en España?

Si se prioriza un consumo doméstico siguiendo parámetros de producción local y saludables, es decir ecológicos, para 2050 no solo se podría abastecer una dieta saludable y sostenible en España, también continuarían las exportaciones de productos de origen animal (33 % de su disponibilidad), frutas y vegetales (27 %) y productos procesados (21 %). Además mejorarían indicadores como la relocalización de la superficie agraria utilizada y del empleo, y descendería drásticamente el uso de las energías no renovables y las emisiones de gases de efecto invernadero. Este último indicador resulta clave, ya que el consumo alimentario en España pasaría a ser un importante aliado en la mitigación del cambio climático.

Esto datos han sido extraídos del informe “Hacia la transformación del sistema alimentario en España: situación actual, impactos y escenarios de futuro” publicado por Alimentta, que compara los resultados de continuar en España con un modelo alimentario como el actual (Business As Usual), con los de una transición alimentaria hacia sistemas saludables y sostenibles con base en la producción ecológica (Modelo BIO+), siempre teniendo en cuenta los escenarios de cambio climático que forzosamente van a afectar la forma en la que se producen los alimentos. 

Claves para una transición ecológica

Una transición ecológica requiere, en primer lugar, un modelo productivo con base en las leguminosas y en la pesca sostenible.

Por un lado, incrementar la producción de leguminosas, haciendo que sustituyan los barbechos y que se incorporen como cultivos en asociación y rotación con otros cultivos, es una estrategia fundamental para mejorar la fertilización orgánica, tan importante en los ecosistemas mediterráneos. Además, los manejos ecológicos unidos a las mejoras en las prácticas de cultivo, protegerían y mejorarían la biodiversidad, revitalizando los suelos, en suma garantizando la sostenibilidad de la producción a largo plazo. Esto permitiría amortiguar la caída productiva que se estima para 2050 como consecuencia del cambio climático, y en donde se considera el ajuste de los cultivos a la disminución de disponibilidad de agua para regadíos.

Del lado de la pesca, la transición hacia capturas que no dependan de manera tan crucial de importaciones o de caladeros internacionales es fundamental para la resiliencia y sostenibilidad de los ecosistemas marinos. Esta transición también debe considerar los artes de pesca utilizados. En la actualidad, la mayoría de flotas utilizan grandes cantidades de combustibles fósiles y generan grandes volúmenes de descartes. Por ello, la pesca que utiliza artes menores, y que genera bajo impacto ambiental y alto valor social, debería conformar el grueso de la flota en los caladeros domésticos. Otra de las claves es la eliminación de la acuicultura con piensos y su reemplazo por una acuicultura de bivalvos (como los mejillones), que genera menor impacto ambiental y utiliza menos recursos. Por último, otro de los ejes de transición debería ser el consumo de especies situadas en los niveles inferiores de las cadenas tróficas, ya que en la actualidad el consumo se concentra en pocas especies con gran impacto en los ecosistemas marinos por su posición en los niveles más altos de las cadenas tróficas.

En segundo lugar, en una transición ecológica es imprescindible la reorientación productiva de la cabaña ganadera hacia la ganadería extensiva e integrada con los agroecosistemas. La reducción de la producción intensiva de cerdo, pollo y huevos, asociada a un incremento de la producción extensiva de vacuno (+7 %) y caprino-ovino (+83 %), permitiría reducir un 44 % el consumo de insumos ganaderos. Asimismo, la composición de estos insumos sería distinta, disminuyendo la dependencia de cereales (-92 %), tortas (-47 %), e incrementando el uso de pastos (+ 72 %), residuos agrícolas (+35 %) y paja (+12 %), con el consecuente aumento de la autonomía de las explotaciones ganaderas porque todos los insumos serían de procedencia doméstica.

En tercer lugar se sitúa la reorientación comercial hacia el abastecimiento doméstico, exportando solo el excedente, una vez cubiertas las necesidades de una dieta saludable y sostenible en el estado español. Avanzar hacia una dieta saludable supondría incrementar el consumo de legumbres (3x), hortalizas (2x), y frutas (+50 %), descendiendo el consumo de carnes (-79 %), lácteos (-54 %), aceites procesados (-23 %), azúcar (-50 %), entre otras. En el caso de las carnes, tanto el descenso de consumo de producción intensiva como su sustitución por carnes de ganadería extensiva ovina, caprina o conejo, supondría una importante mejora en el perfil lipídico de la carne consumida.

En resumen, una producción ecológica y local de alimentos es capaz de abastecer una dieta saludable y sostenible que, siguiendo la dieta mediterránea como patrón de referencia, priorice alimentos frescos, como frutas y hortalizas locales y de temporada, con un incremento de proteínas vegetales como las legumbres, además de una mejora del consumo de proteína animal por una mayor ingesta de ovino, caprino y conejo, así como de pescado sostenible y de cercanía. 

Por ello, desde Alimentta proponemos una serie de propuestas de política pública por las legumbres y por la pesca sostenible para orientar a responsables públicos y a otros actores en las decisiones para una transición hacia sistemas alimentarios saludables, sostenibles y justos.