Las leguminosas como solución al déficit de autonomía alimentaria

Los acuerdos comerciales, como el de la Unión Europea y el Mercosur, es  uno de los más de 40 acuerdos que vienen funcionando desde hace décadas y que, en gran medida, han transformado la matriz productiva y los patrones de consumo de la población en España. Por un lado, porque generan oportunidades de negocio relacionadas con modelos productivos orientados a la exportación; aunque, paralelamente, el mercado se vea inundado de mercancías baratas que desincentivan la producción.

Aparentemente, este acuerdo comercial abrirá nuevos mercados para productos españoles como el aceite de oliva, el vino, los licores y los lácteos; sin embargo, afectará a otros por la entrada de productos más baratos como la carne, el azúcar o los extractos de frutas. Por ello, el propio acuerdo presenta una serie de salvaguardas para determinados productos sobre los que se aplicarán restricciones a la importación en caso de que el precio se vea afectado por más de un 5% con respecto al precio actual.

Estas nuevas regulaciones dejan de lado un cultivo fundamental: las leguminosas. Es necesario comprender su rol estratégico de cara a construir un modelo productivo capaz de responder con autonomía a la inestabilidad política y climática actual.

Consumo de legumbres en España

La fracción de las leguminosas orientadas al consumo humano es lo que denominamos legumbres. Si tomamos las recomendaciones de consumo de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), observamos que solo se cumple un tercio de lo recomendado: 3,3 kg de legumbres por persona al año de los 12,5 kg recomendados, un valor en mínimos históricos.

De entre sus múltiples cualidades, las legumbres destacan por su contenido en proteínas, uno de los macronutrientes más importantes de la dieta. Sin embargo, la principal aportación proteica en la dieta española actual es de origen animal (carne, huevos y lácteos), aunque la dieta mediterránea históricamente se ha caracterizado por utilizar fuentes vegetales de proteína, sobre todo gracias a las legumbres.

La producción de legumbres en España ha caído de 180.000 toneladas al año en 2000-2005 a 100.000 toneladas en la actualidad. Si bien en la producción de lentejas se observa cierta recuperación, la de garbanzos refleja una caída lenta pero sostenida, y la de alubias y habas casi ha desaparecido. De ello resulta que, a pesar del bajo consumo de legumbres, solo se consigue abastecer con producción propia el 60% del consumo (2 kg/persona/año).

Producción de leguminosas y cabaña ganadera

Tradicionalmente, las leguminosas, empleadas para la alimentación en sistemas ganaderos (principalmente vacunos, caprinos, ovinos, porcinos), se han cultivado en las zonas cerealistas de secano y regadío, en rotación con especies de cereal. En los últimos 25 años, las leguminosas estrechamente ligadas a la cabaña ganadera han descendido del 17% al 11%. Estas caídas guardan relación con la caída de la ganadería extensiva y de pastoreo, principalmente ovina y caprina, que se ha reducido en un 35% y un 10% respectivamente en los últimos 30 años.

Esta caída tiene su contraparte en la transformación del modelo ganadero, en el que ahora predomina la ganadería intensiva. Esta utiliza como fuente de alimentación piensos con base en proteínas baratas, como la soja, que son altamente dependientes de la importación. Esto redunda en una sustitución de leguminosas mediterráneas por soja, acompañada por un incremento exponencial de la demanda para abastecer el modelo intensivo.

El 95% de la importación total de leguminosas de España corresponde a los casi 5 millones de toneladas de soja al año, uno de los componentes principales de los piensos. El 5% restante se importa para cubrir la falta de legumbres para consumo alimentario humano. Esto significa que al menos el 40% de las legumbres consumidas en España proceden del extranjero. De allí la preocupante dependencia a importaciones de países como Argentina, Brasil, Estados Unidos o Canadá para abastecer el consumo animal y humano de leguminosas.

Posibilidades de cambio

Los costes de insumos que utiliza la agricultura convencional, como los fertilizantes nitrogenados industriales, no paran de crecer según indica la FAO (2025), a la vez que el margen bruto de la agricultura no para de decrecer. Además, los procesos industriales de este tipo de fertilizantes demandan grandes cantidades de combustibles fósiles. La alta dependencia a este tipo de insumos es evidente ante conflictos geopolíticos, como el bloqueo del estrecho de Ormuz a causa de los ataques de Estados Unidos a Irán, que limitan la disponibilidad de fertilizantes industriales que requiere el actual modelo productivo, con su consecuente alza de precios. En conjunto, evitar la dependencia a insumos industriales contribuiría a reducir el déficit de autonomía productiva para responder a conflictos geopolíticos globales.

Aquí es donde se desvela el gran valor de las leguminosas, que pasa por su capacidad para la fertilización nitrogenada, es decir captar el nitrógeno atmosférico e introducirlo en el suelo en forma de compuestos que las demás plantas pueden utilizar. Por eso son imprescindibles en la agricultura ecológica, que por restricciones legales no puede emplear fertilizantes nitrogenados industriales. En cuanto a solución para la cabaña ganadera, se sabe que los rumiantes (vacuno, ovino, caprino) pueden ser alimentados con leguminosas mediterráneas de origen local (guisantes, algarrobas), reemplazando la soja sin alterar las características productivas del animal e incluso mejorando la calidad de la carne. Algo parecido sucede con el caso de monogástricos (porcino, aves) que, usando razas ganaderas menos exigentes, pueden incrementar el pastoreo o la utilización de leguminosas como guisantes y habines. En cuanto a las legumbres, son una alternativa saludable y sostenible a la proteína de origen animal para consumo humano.

A pesar de estos claros beneficios, el cultivo de leguminosas se ve perjudicado por el bajo precio de las legumbres importadas, amparadas por acuerdos internacionales, lo que se combina con la ausencia de apoyo desde marcos normativos como la Política Agraria Común (PAC). Un acompañamiento al sector primario, así como políticas públicas que estructuren y promuevan una transición ecológica con las leguminosas como eje fundamental, contribuiría a la viabilidad de la actividad agraria y a la fijación de población en territorio rural. Esta promoción pasa ayudas directas y significativas a la presencia de leguminosas en las rotaciones, desde la PAC y a través de marcos legislativos estatales, autonómicas, provinciales y municipales.

El propio Parlamento Europeo en su Estrategia Europea en Materia de Proteínas, reconoce la importancia de recuperar el cultivo de las leguminosas por el papel que juegan en la mejora de la fertilidad de los suelos, el clima y la biodiversidad y su capacidad de reducir insumos como los fertilizantes y los productos fitosanitarios.

Por todo ello, es fundamental recuperar el invalorable patrimonio de las leguminosas locales e incentivar su producción desde una perspectiva geopolítica y estratégica hacia la autonomía alimentaria.