El 1 de diciembre tuvo lugar en el Congreso de los Diputados el “I Encuentro por la transición proteica: retos y oportunidades en el impulso de la dieta mediterránea”, organizado por CECU – Federación de Consumidores y Usuarios.
El encuentro buscaba potenciar la producción y consumo de proteínas vegetales en España, identificando retos y oportunidades para una transición proteica saludable y sostenible, ajustada a las características y necesidades del territorio a partir del diálogo entre instituciones, sectores profesionales y sociedad civil.
En este marco, Alimentta fue invitada a participar en una mesa de diálogo, junto con COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos), ANGED (Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución) y la Academia Española de Nutrición y Dietética.
La necesidad de producción local para atender la demanda de una transición proteica
Las proteínas son uno de los componentes esenciales de una dieta saludable. La necesidad de asegurar fuentes sostenibles de proteínas y de promover su acceso a toda la población se ha convertido en un tema de debate global, impulsado por organismos como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés).
Sin embargo, la configuración actual de la producción en España impide el autoabastecimiento de leguminosas, penalizando así nuestra autonomía alimentaria: solo se produce el 60 % de las leguminosas para consumo humano, aun siendo el consumo actual excesivamente bajo para seguir las recomendaciones de una dieta saludable.
Además, las legumbres son clave para la sostenibilidad de los agroecosistemas, porque fijan nitrógeno (N) al suelo, fertilizándolo. El uso de leguminosas en rotación o policultivo, junto con el uso de estiércoles animales y el compost de subproductos y abonos verdes, representan estrategias clave de fertilización ecológica. Paralelamente, las leguminosas (como la alfalfa, yeros, guisantes o veza) pueden destinarse a la alimentación animal, contribuyendo al cierre de ciclos de los agroecosistemas (al incorporar el estiércol nuevamente al ciclo de producción), suponiendo una reducción de costes asociados a la compra de fertilizantes químicos o piensos importados.
Sin embargo, hoy en día la mayoría de la superficie agraria en España se cultiva en manejo convencional, sostenida principalmente por fertilizantes nitrogenados de síntesis. En otras palabras, hemos dejado de depender de las estrategias tradicionales de fijación de nitrógeno para pasar a una dependencia de fertilizantes químicos y una importación masiva de piensos, destinados principalmente a alimentar a una cabaña ganadera que a su vez va dirigida en gran medida a la exportación. Además, la gestión del estiércol de esta cabaña ganadera, en su mayoría intensiva, está generando graves problemas de contaminación de aguas por los lixiviados.
Esta situación acarrea otras problemáticas, como la comprometida situación económica de algunas producciones ante el incremento constante del precio de los fertilizantes en los últimos años (FAO, 2025).
¿Por qué no se producen más leguminosas?
La mayoría de las entidades reunidas en el encuentro en el Congreso de los Diputados coincidimos en que estamos ante un problema multifactorial e intrínsecamente relacionado con las políticas públicas:
- Su producción no resulta atractiva por no ser rentable y por no contar con ayudas económicas públicas y adecuadas, como sí ocurre con otros cultivos.
- La poca producción existente compite con importaciones con menores costes de producción y con facilidades para su comercio, por lo que resulta más económico traerlas desde el extranjero que producirlas aquí.
- Estos cultivos presentan particularidades técnicas en su manejo y una elevada sensibilidad al cambio climático al cultivarse preferentemente en secano, por lo que su cultivo requiere asesoramiento y apoyo para potenciar sus servicios ecosistémicos.
Asimismo, varias entidades coincidimos en la necesidad de favorecer la producción local, mejorar la percepción pública sobre las legumbres, apoyar a las pequeñas y medianas producciones, y utilizar la compra pública como elemento articulador. No obstante, existen problemáticas asociadas a esta necesaria transición:
- Desde la producción, se ha perdido parte del patrimonio genético de leguminosas tradicionales, reduciéndose a pequeñas muestras conservadas en bancos de germoplasma, además de los conocimientos y saberes asociados a su cultivo. A ello hay que añadir la falta de tecnología adaptada a su producción ecológica. Por eso es necesario un acompañamiento al sector primario, protagonista del cambio productivo, así como políticas públicas que estructuren y promuevan una transición ecológica con las leguminosas como eje del cambio.
- Desde el consumo, debemos tener en cuenta los ritmos de vida actuales: la falta de tiempo para cocinar, el alejamiento de hábitos saludables, y la irrupción de dietas globalizadas no cuadran con el patrimonio gastronómico y culinario de las leguminosas, donde los tiempos de cocinado son fundamentales. Frente a ello, necesitamos invertir en I+D para desarrollar nuevos productos y formatos alimentarios que se adapten a estos hábitos, sin perder de vista la importancia de evitar los ultraprocesados y de recuperar otros aspectos saludables de la dieta mediterránea como la convivencia y el tiempo para disfrute y relajación.
En este sentido, desde Alimentta planteamos cuatro medidas clave de política pública para el impulso de la producción local y ecológica de las legumbres, elaboradas junto con diversas voces del sistema alimentario español:
- Garantizar el apoyo económico y administrativo adecuado a las personas productoras con el fin de reforzar la rentabilidad de las legumbres.
- Incentivar la producción ecológica y de proximidad para desbloquear todas las potencialidades de estos cultivos.
- Relocalizar y articular la cadena de valor de las legumbres en clave territorial.
- Utilizar la compra pública para articular oferta y demanda de legumbres.
