FALSO MITO: La acuicultura es la solución a la falta de pescado en caladero nacional

En la actualidad circulan una multitud de recomendaciones que abogan por el consumo de pescado como respuesta a problemas de salud. El pescado, el marisco y otros productos acuáticos son propuestos como alimento fundamental de las dietas saludables por sus propiedades nutricionales, en particular por su contenido en ácidos grasos saludables y en proteínas. Sin embargo, los impactos de la pesca tal y como se lleva a cabo hoy en día, invita a pensar si un incremento de su demanda para consumo podría ser una alternativa proteica a la ganadería. 

Ante este escenario, la acuicultura emerge como solución técnica capaz de incrementar la producción de pescado. Nuevamente, cabe preguntarse si este modelo resuelve también las necesidades de una transición alimentaria saludable y sostenible. Sobre todo, teniendo en cuenta que los modelos acuícolas que requieren de pienso para la alimentación de los peces, se revelan tan insostenibles como la producción ganadera.

El caso de la producción acuícola de bivalvos (ostras, mejillones o almejas) sí representa una alternativa ya que obtienen su alimentación directamente del medio donde se encuentran, requiriendo menos energía que la pesca. También la pesca de pequeños pelágicos (sardina, anchoa, jurel, caballa) por su bajo impacto ambiental.

Descenso del volumen de capturas 

Desde 2017, el consumo de alimentos de origen marino se ha incrementado hasta situarse como la segunda fuente de proteínas en las dietas, después de la leche y por delante del pollo, el cerdo y los rumiantes (Tacon et al., 2013). En este crecimiento, son las capturas, y no la acuicultura, las que siguen aportando la mayor parte del pescado destinado al consumo (Edwards et al., 2019).

Desde el punto de vista de la transición hacia la sostenibilidad del sistema alimentario, las propuestas pasan fundamentalmente por cambios dietéticos que se alejen de los alimentos de origen ganadero como fuente de proteína y su sustitución por otras fuentes proteicas con menos impactos (Free et al., 2022; Westhoek et al., 2011; Willett et al., 2019). Entre las diversas propuestas, algunas abogan por expandir los productos marinos como sustituto alimentario, por generar una menor huella de emisiones y utilizar menos recursos que los productos cárnicos (O’Rourke et al., 2017). 

Sin embargo, apostar por la pesca tal y como se desarrolla hoy en día presenta ciertas problemáticas. Las capturas de las flotas, que cada vez pescan más lejos y a más profundidad, son altamente dependientes de combustibles fósiles que, a su vez, suponen el 60-90 % del total de emisiones de la actividad pesquera (Tyedmers et al., 2005). Además, los artes de pesca que se suelen utilizar en las flotas más intensivas impactan en los ecosistemas marinos y su biodiversidad (Westhoek et al., 2011). 

Este tipo de pesca contribuye al cambio climático por sus emisiones asociadas y por los efectos en los sumideros de carbono en los océanos, mientras que el propio cambio climático afecta los ecosistemas marinos por el incremento de las temperaturas oceánicas, la acidificación y la desoxigenación del agua. Esto impacta de manera combinada a la biodiversidad y la productividad marina, con implicaciones muy relevantes desde el punto de vista de la reducción de las posibilidades de pesca (Barange et al., 2018; Blanchard & Novaglio, 2024; Cheung et al., 2021). 

Por todo esto, ya se observan descensos en las capacidades de captura y abastecimiento pesquero. En caladeros como los que rodean la península ibérica se imponen vedas para permitir que se recuperen las cadenas tróficas, ya que la falta de biomasa capturable (es decir, peces) es manifiesta. Ante este escenario, una de las alternativas que emerge es la acuicultura, como actividad capaz de cubrir el abastecimiento de proteína animal en la necesaria transición proteica.

Insostenibilidad de los modelos productivos acuícolas que utilizan pienso

Dentro del marco de la acuicultura existen diversos tipos de sistemas de producción. Dependiendo de los insumos, hay que distinguir entre modelos de producción con y sin aportación de piensos. Desde el punto de vista de su ubicación, los modelos de producción pueden situarse en estanques, aguas fluviales o aguas marinas. 

Los análisis de ciclo de vida de estos sistemas permiten extraer conclusiones sobre el desempeño de estos diversos modelos, ya sea con base en análisis de casos de estudio o de revisión sistemática de las distintas casuísticas existentes.

Si atendemos a los insumos necesarios, en las producciones acuícolas que utilizan piensos, las materias primas son principalmente productos de origen marino y vegetal, es decir, utilizan capturas pesqueras, subproductos cárnicos o producciones agrarias para fabricar piensos para este sistema productivo. Newton et al. (2023) indica que los ingredientes de los piensos en acuicultura son el principal impacto en términos de emisiones de gases de efecto invernadero de estos modelos, algo en lo que coinciden otros estudios (Xu et al., 2022).

Entre los modelos de producción acuícola, la de crustáceos (como gambas o camarones) es la que mayor impacto genera, donde se observan sistemas superintensivos con base en motores que oxigenan, recirculan y controlan la temperatura del estanque, y que se suman a las ya de por sí altas emisiones de los piensos (Chico-Santamarta et al., 2025; Gepahrt et al., 2021). En Asia, uno de los epicentros de producción, la electricidad que utilizan estos modelos es uno de los principales factores de emisiones  (>50 %), seguido de los piensos (15.9-18.1 % de gases de efecto invernadero) (Jonell et al., 2015; Rong et al., 2025).

Otros modelos de producción con piensos se centran en especies que requieren mayor contenido de origen animal (como lubinas, doradas, rodaballos, lenguados o besugos), con impactos algo inferiores a los crustáceos. En el arco mediterráneo, diferentes modelos de producción de lubina europea, besugo y dorada presentan 67-80 % de sus emisiones asociadas a piensos (Kallitsis & Avramidis, 2025, Zoli & Bacenetti, 2025) mientras que el 16-46 % se corresponde a los procesos de oxigenación que necesitan los embalses (Zoli & Bacenetti, 2025).  

Un producto sumamente importante en la dieta son los salmónidos. Para la producción de salmón noruego en granjas, las emisiones de su alimentación proceden de los ingredientes proteicos vegetales (22 % del pienso), otros pescados (30 %), aceite de pescado (20 %), y aceite vegetal (10 %) (Ellingsen et al., 2009), duplicándose los valores en el caso de sistemas con piensos y recirculación hídrica con respecto al de sistemas de salmón en granjas en el río (Liu et al., 2016).En el caso de España, la producción de truchas en acuicultura en Galicia presenta su mayor contribución del pienso (78 %), seguido de la electricidad (14%) (Sanchez-Matos et al., 2023). 

En resumen, se puede argumentar que la insostenibilidad de los modelos acuícolas actuales proceden principalmente de su alimentación por medio de piensos como factor fundamental, algo que también se observa en el modelo de producción ganadera.

Una alternativa viable: la producción acuícola de bivalvos

Retomando la diversidad de modelos acuícolas, un grupo de ellos se caracteriza por no precisar de insumos y por utilizar poca energía y materiales en su producción: la acuicultura de bivalvos. Productos como las ostras, los mejillones o las almejas entran dentro de este grupo, y a la luz de algunos datos, se puede postular como una de las alternativas al abastecimiento alimentario.

La producción acuícola de bivalvos en China, una de las grandes potencias productoras, las emisiones por producto se encuentran entre los que menores valores presentan entre los distintos alimentos (Xu et al., 2022). Un caso de estudio en Portugal obtiene valores donde el 89 % de su impacto en emisiones es derivado del consumo eléctrico (Dias et al., 2025). En España, el caso de Galicia y el análisis agregado de la cadena en España arroja cifras similares, comparativamente inferiores a otros alimentos con aportación proteica (Iribarren et al., 2010, Saralegui-Díez et al., 2026). 

De esta manera, todos los datos disponibles de emisiones por unidad de producto señalan a los bivalvos por ser una alternativa acuícola con mejores desempeños por su bajo uso de insumos, la ausencia de piensos y los sistemas semiabiertos en los que se suelen producir.

Otras alternativas de pesca: los pequeños pelágicos

Más allá de las alternativas que pueda proponer la acuicultura, cabe continuar la reflexión sobre otros modelos que aboguen por una pesca menos intensiva y que presenten buenos desempeños ambientales.

Hallström et al., (2019) hacen una evaluación de las dietas en Suecia, considerando los aspectos nutricionales y ambientales de los productos marinos de manera combinada, algo que permite identificar productos con mayor aporte nutricional y menor impacto ambiental. La pista que aporta este grupo de investigación es que los pequeños pelágicos (sardina, anchoa, jurel, caballa) son los que mejores resultados generan. Distintos estudios a escala global identifican que la pesca de pequeños pelágicos presenta de los perfiles más bajos en emisiones (Gephart et al., 2021; Zhang et al., 2024). Otro factor relevante no es solo el tipo de pescado, sino cómo se captura y para qué se utiliza. Un estudio realizado en Cantabria identifica que las capturas de pelágicos presentan menos emisiones cuando se realizan con artes menores que en el caso de cerqueros (Ceballos-Santos et al., 2023). 

Cabe destacar que estos pequeños pelágicos se utilizan como alimentación para la acuicultura con piensos. Ante un escenario en el que la proteína animal del mar puede ser idónea para las dietas, resulta claramente más sostenible el consumo humano directo, en lugar de utilizarlos como pienso para producir pescado para el consumo humano (Baptista et al., 2026).