Es habitual ver que se promueva un incremento del consumo de productos procedentes del mar como base de una dieta saludable. Efectivamente, los alimentos acuáticos aportan proteínas de alta calidad, ácidos grasos omega-3 y micronutrientes, con efectos preventivos sobre enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, numerosos informes reportan la extenuación de los caladeros, el desperdicio provocado por los descartes de la pesca, y los daños del actual modelo productivo-extractivo a los ecosistemas marinos.
Por lo tanto, cabe preguntarse si es necesario incrementar el consumo de pescado, o bien lo es adaptarse a un escenario de consumo de productos marinos que sea sostenible y saludable.
Un consumo que excede las recomendaciones
La población española es una de las principales consumidoras de pescado a nivel mundial, liderando, junto a Portugal, el consumo per cápita dentro de la Unión Europea. Los productos procedentes del mar, históricamente vinculados a la dieta mediterránea, son un alimento que forma parte del acervo cultural y territorial de las diferentes regiones de España. Sin embargo, en la actualidad se consume más pescado del recomendado por las dietas de referencia, como la de EAT-The Lancet.
Además, el consumo está asociado a pocas especies, principalmente atún, bacalao, bonito, merluza y salmón. La literatura científica nos indica que los grandes túnidos (atún y bonito), los tiburones (como el cazón) y el pez espada contienen metales pesados en cantidades nocivas para la salud. Por su parte, el salmón, principalmente procedente de piscifactorías situadas fuera del territorio español, se caracteriza por un modelo productivo intensivo que utiliza piensos elaborados a partir de otros productos ganaderos, pesqueros y agrícolas, con importantes implicaciones ecológicas.
Un modelo dependiente de cadenas internacionalizadas
En las últimas décadas hemos presenciado una doble transformación del sistema pesquero en su conjunto. Por un lado, la globalización de las dietas ha empujado hacia la homogeneización del consumo, reduciendo la diversidad alimentaria propia de las dietas mediterránea y atlántica de España. Por otro, el modelo productivo ha internacionalizado el origen de los alimentos, particularmente en lo que a productos marinos se refiere, con flotas cada vez más intensivas, caladeros cada vez más alejados de las costas españolas y con una acuicultura intensiva basada en la producción de especies carnívoras.
Esta internacionalización se manifiesta tanto en el consumo, por la alta presencia de productos de origen extranjero, como en la exportación. De hecho, el sector ha orientado su estrategia comercial hacia la exportación, utilizando volúmenes muy relevantes de pescado y marisco importado como base para sostener la exportación. Alimentta ha realizado una reconstrucción del sistema alimentario marino de España, identificando este alto grado de internacionalización.
En la actualidad, cerca del 60 % de la disponibilidad de productos marinos y acuícolas del sistema alimentario español depende de importaciones, con la flota española aportando un 30 % y la acuicultura el 10 % restante. Esta flota española pesca en su gran mayoría en caladeros fuera de la Unión Europea (57 %), haciendo uso de flotas muy intensivas (45 % cerco y 20 % arrastrero congelador). En términos de presentación de productos, el 52 % de la disponibilidad son productos congelados, con una alta contribución de productos importados (1,05 millones de toneladas).
Esta disponibilidad de productos procedentes de medio mundo se destina en un 53 % al consumo humano, un 41 % a la exportación y un 6 % a piensos. El consumo humano se realiza principalmente congelado (31 %) y procesado (30 %). En cuanto a los grupos de especies destacan los pelágicos y la categoría “otros”, cuyo origen es un 60-70 % importado, y que se orientan principalmente a ser reexportados, con el 55-65 % de su disponibilidad destinada a este flujo comercial. La homogeneización de las dietas se refleja en que el 31 % del consumo son pelágicos, el 25 % demersales y el 14 % cefalópodos.
Si traducimos este funcionamiento en emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo es el principal factor de generación (9,7 millones de toneladas de CO2eq, 56 % del total de emisiones), seguido de la exportación (7,1 millones de toneladas de CO2eq, 41 %). Las capturas son la principal actividad de la cadena en cuanto a emisiones, acumulando el 64 % de las emisiones totales.
De seguir esta tendencia, el agotamiento de los caladeros hará que la flota española disminuya su contribución a la disponibilidad del sistema alimentario pesquero, estimándose una reducción del 24 % de las capturas para 2050. Esto implica profundizar en la dependencia internacional del sistema y un incremento en las emisiones de gases efecto invernadero (+ 21 %), por depender más de importaciones para cubrir los flujos de consumo y exportación.
Consumir pescado de cercanía y sostenible
En respuesta a estos datos, Alimentta propone un modelo alternativo donde la sostenibilidad y la relocalización del sistema pesquero sean los pilares de una transición para 2050.
Este modelo, llamado REST, implica la reducción de los artes de pesca más intensivos (arrastre y cerco industriales), la restricción de la acuicultura a bivalvos (eliminando la acuicultura de especies carnívoras), la relocalización a caladeros domésticos en la medida de lo posible, y la implementación de zonas protegidas marinas. En términos comerciales, restringe la importación a países vecinos y a productos capturados siguiendo las mismas lógicas de restricción de las artes pesqueras.
El modelo REST simplifica los flujos comerciales priorizando el consumo doméstico y, aunque se produce un descenso de las capturas en caladeros internacionales, el caladero doméstico incrementa su extracción y vuelve a ser el territorio principal de abastecimiento del consumo, con una pesca de cercanía, bajo impacto ambiental y alto valor social. Este abastecimiento, junto con la producción acuícola de bivalvos, son los dos pilares del consumo en este modelo.
De esta forma, el modelo REST cumple con las recomendaciones nutricionales, tanto en términos de raciones per cápita como en la contribución de omega-3 y proteínas a las dietas, con los pescados pelágicos como principales productos. Estos pescados resultan idóneos por presentar menor tamaño medio y, por tanto, un menor contenido en metales pesados y contaminantes. Además, al situarse en eslabones inferiores de las cadenas tróficas marinas, el grado de afectación a estas cadenas resulta menor. Desde el punto de vista de las emisiones, todas estas transformaciones permitirían reducir un 73 % las actuales emisiones de gases de efecto invernadero.
Desde Alimentta también proponemos una serie de propuestas de política pública por la pesca sostenible para orientar a responsables públicos y a otros actores en las decisiones para una transición hacia sistemas alimentarios saludables, sostenibles y justos.
