Estudio del sector ecológico de la algarroba

El «Estudio del sector ecológico de la algarroba (Ceratonia siliqua L.)» ofrece una visión actual del panorama de este cultivo en Andalucía. Basado en datos estadísticos oficiales y en entrevistas a operadores ecológicos de la región, analiza el estado del sector, los sistemas de producción y manejo, los canales de comercialización y la agroindustria asociada. 

Desarrollado por Francisco Delgado Sánchez y tutelado por Gloria I. Guzmán y Antonio Alonso, en el marco del Máster de Agricultura y Ganadería Ecológicas de la Universidad Pablo de Olavide, constituye un elemento valioso para el proyecto europeo CropCat, cuyo objetivo es impulsar la producción de cultivos infrautilizados a través de su incorporación en comedores públicos. En España, y tomando Andalucía como región estratégica, el proyecto trabaja con el garbanzo y la algarroba por ser cultivos de alto interés nutricional, culinario y ecológico que forman parte de la dieta mediterránea. 

La algarroba: un árbol y vaina de múltiples propiedades

Pese a su presencia histórica en regiones mediterráneas, la algarroba permanece poco explorada. Aun ofreciendo un alto valor ambiental, productivo y agroecológico, el sector ha sufrido un marcado abandono que ha reducido su superficie y debilitado su cadena de valor. 

La vaina del algarrobo destaca por su gran versatilidad y valor nutricional. Su pulpa es rica en fibra, azúcares naturales, compuestos fenólicos y D-pinitol, un compuesto con propiedades nutracéuticas de interés creciente. Se puede utilizar para elaborar harinas, melazas, endulzantes naturales y otros productos destinados a la alimentación humana. También se utiliza para la fabricación de piensos destinados al consumo animal. De la semilla o garrofín, se extrae la goma de garrofín (LBG), un aditivo alimentario (E-410) ampliamente usado por sus propiedades espesantes y estabilizantes. Aunque hoy compite con sustitutos más baratos, como la goma guar o la xantana, sigue siendo un producto de alto interés para la industria alimentaria.

Además, es un cultivo altamente adaptado al clima mediterráneo, siendo el algarrobo uno de los árboles más resilientes de este tipo de ecosistemas. Destaca por su rusticidad, su carácter xerófilo (adaptado a la escasez de agua), por su resistencia a plagas y enfermedades, y su capacidad para desarrollarse aún en suelos pobres o castigados. Requiere pocos cuidados y soporta condiciones climáticas extremas, lo que lo convierte en un cultivo ideal para escenarios de sequía creciente.

Además, su contribución ambiental es destacable: siendo de la familia de las leguminosas, mejora la estructura y fertilidad del suelo, su desarrollo radicular protege frente a la erosión y actúa como sumidero de carbono. Además, su presencia favorece la biodiversidad, ofreciendo refugio y alimento a numerosas especies de fauna. 

Un cultivo en retroceso

A pesar de todos estos beneficios, la superficie cultivada de algarrobo en la cuenca mediterránea ha disminuido un 65% en lo que va del siglo XXI. La falta de investigación entre 1980 y 2020, la escasa caracterización botánica de las variedades y un sistema productivo envejecido han contribuido a su declive.

En Andalucía, la superficie ecológica de algarrobo representa solo una pequeña fracción del total de agricultura ecológica, aunque supone una parte notable del algarrobo andaluz. Su cultivo se concentra en explotaciones pequeñas, generalmente de menos de 5 hectáreas, con plantaciones jóvenes y rendimientos aún modestos.

En el ámbito agroindustrial, la cadena de valor es extremadamente limitada: solo existe una troceadora de algarroba ecológica en Andalucía. Esto obliga a desplazar parte importante de la producción fuera de la comunidad, dificultando los canales cortos y la valorización local del producto.

Un potencial inmenso para la producción ecológica y la agroecología en general

El estudio subraya que el algarrobo reúne las características para constituir un pilar para la transición agroecológica si se destinan suficientes esfuerzos a su investigación, a la mejora de los cultivares y al desarrollo de su cadena de valor en Andalucía. Las cualidades más interesantes responden a sus bajos requerimientos económicos, su capacidad adaptativa a climas áridos y suelos pobres, su contribución a la regeneración de ecosistemas degradados, el alto valor añadido de la fruta y la semilla, y una demanda creciente en mercados de productos naturales, saludables y sostenibles.

Su manejo ecológico es especialmente viable, ya que el árbol apenas requiere tratamientos químicos y presenta una gran capacidad de resiliencia. Además, su cultivo podría integrarse en sistemas agroforestales, paisajes multifuncionales y estrategias de adaptación climática en zonas rurales.

Barreras actuales y oportunidades para revitalizar el sector

El estudio se sustenta no solo en datos estadísticos, sino también en entrevistas realizadas a agricultores y a un miembro de la industria troceadora. Entre las barreras que mencionan, destacan:

  • Desconocimiento y falta de catalogación de las variedades presentes en los campos, con una escasa investigación botánica y gran incertidumbre entre los propios agricultores sobre el potencial de las variedades autóctonas.
  • Existe un déficit de plantas certificadas en viveros, lo que acarrea problemas de identificación y trazabilidad.
  • Su producción está fragmentada y es predominante en pequeñas explotaciones de Andalucía. Conviven cultivos rústicos con otros algo más profesionalizados.
  • Su precio está sometido a una constante fluctuación, altamente dependiente del mercado de la garrofina o goma de garrofín.
  • Sus prácticas de comercialización son altamente dependientes de intermediarios que mezclan producto ecológico y convencional, diluyendo su valor añadido.
  • El sector está sometido a una escasez de infraestructura agroindustrial, especialmente en Andalucía, que pueda procesar y por ende, dar salida a este producto sin que suponga costes excesivos asociados a las cadenas de transporte.

Horizontes de futuro deseables

Las oportunidades que se abren a este cultivo también son muy relevantes. Existen mercados emergentes interesados en ingredientes naturales, sostenibles y de origen local, lo que podría favorecer la revalorización del cultivo. En un contexto de creciente interés por la territorialización del sistema alimentario, existe un claro potencial para impulsar nuevas troceadoras ecológicas que generen valor añadido y eviten que la producción salga de la región. El auge de los superalimentos también puede traducirse en una mayor demanda de los compuestos nutracéuticos presentes en la pulpa y la semilla. Su transformación en harinas, jaleas y otros derivados abre un camino prometedor para la innovación culinaria, ampliando su presencia en productos más saludables y con un alto potencial de uso en la restauración colectiva. No obstante, para aprovechar plenamente estas oportunidades será necesario invertir recursos y reforzar las capacidades del sector.

Si se afrontan las barreras existentes y se impulsa una cadena de valor justa y sostenible, el algarrobo puede consolidarse como uno de los cultivos estratégicos del futuro mediterráneo. Este estudio supone el punto basal para emprender siguientes pasos con el proyecto CropCat.

Consultar el estudio

Delgado Sánchez, F. 2025. Estudio del sector ecológico de la algarroba (Ceratonia siliqua L.). TFM Máster de Agricultura y Ganadería Ecológicas, Universidad Pablo de Olavide.