Alimentarse bien es cuidar el planeta

La dieta mediterránea de producción ecológica es mucho más que una forma de comer: es una manera de vivir en equilibrio con la naturaleza. Comer saludable va más allá de la composición nutricional de la dieta, también depende de los métodos de producción, transformación, transporte, envasado y cocinado de las materias primas. La producción ecológica es fundamental para reducir la exposición humana y medioambiental a tóxicos. Además, evitar el uso de films y bandejas de plástico en el envasado de alimentos contribuiría a disminuir la contaminación por microplásticos en suelos y océanos.

De ahí que la dieta mediterránea ecológica sea la mejor opción para actuar frente al cambio climático, para cuidar los recursos naturales y recuperar maneras sostenibles de producir alimentos sin dañar los ecosistemas.

Razones para comer así

La dieta mediterránea, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se asocia con una vida más larga y con una menor incidencia de enfermedades crónicas. Su base son ingredientes como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y aceite de oliva virgen extra que aportan los nutrientes necesarios para mantenerse fuerte y prevenir enfermedades. Si consideramos la dieta mediterránea ecológica, los beneficios son aún mayores, ya que evitamos la enorme exposición a tóxicos a la que nos vemos sometidos a través de la alimentación. En 2023 se detectaron residuos de 106 pesticidas diferentes en alimentos vendidos en España, con un 43 % de frutas y verduras conteniendo al menos un pesticida.

Apostar por una producción sin pesticidas también significa proteger los suelos, el agua y los polinizadores como las abejas, cada vez más escasas. La agricultura ecológica también mantiene la vida del campo. Cada vez más agricultores optan por métodos que cuidan la fertilidad del suelo, reducen el uso de plásticos y fomentan la biodiversidad. Apostar por estos alimentos es reconocer su esfuerzo y entender que la comida no nace en los supermercados, sino en los campos trabajados por manos que respetan los ciclos de la naturaleza. Comprar ecológico contribuye a mantener viva la economía rural y a frenar el abandono de los pueblos.

Otro aspecto diferencial es que se basa en un bajo consumo de carne, preferentemente de animales criados al aire libre, sin granjas industriales, ni antibióticos, ni medicamentos veterinarios, respetando el bienestar animal y preservando los ecosistemas rurales. Comer menos carne, pero de mejor calidad, es una forma de cuidar tanto nuestra salud como la del planeta. El complemento proteico ideal serían las legumbres, elemento clave de la dieta mediterránea, no solo por su valor nutricional sino por las enormes ventajas que suponen en toda la cadena alimentaria: aportan componentes básicos para la fertilidad del suelo reduciendo la dependencia de insumos químicos, algo que mejora los costes y frena el abandono del campo. Incluso podrían emplearse como pienso disminuyendo la dependencia de importaciones de alimento para el ganado.

En cuanto al pescado, la dieta mediterránea mantiene activa la pesca sostenible de cercanía, que permite consumir pescado local y de temporada, con una menor huella de carbono y una menor exposición a metales pesados como el mercurio, cuidando tanto el mar como nuestra salud. En este sentido, es necesario incorporar en el consumo especies menos explotadas e infravaloradas, para reducir la presión sobre especies vulnerables o sobreexplotadas. También es necesario promover la pesca artesanal como arte selectiva y menos invasiva, lo que implica que afecta mucho menos a la fauna y suelos marinos, manteniendo los ecosistemas. Su valor social y económico añadido es importantísimo: crea empleos y permite el desarrollo de pequeñas comunidades pesqueras.

La combinación de dieta mediterránea y la agroecología genera sinergias muy importantes. Comer mediterráneo, ecológico y local es cuidar nuestro cuerpo, nuestra comunidad y el planeta. Con nuestro carrito de la compra tomamos decisiones que tienen impacto porque definen el presente y el futuro que queremos.